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sábado, 15 de noviembre de 2014

Arte Contemporaneo



¿Arte Contemporáneo ? o ¿caca de elefante? 



Les comparto las palabras  de MARIO VARGAS LLOSA, escritas en el  año  1997 poseen una cierta vigencia, y pintan el panorama del arte contemporáneo de un modo ....¿cómo decirlo?, bueno, tal vez despues de leerlo quieran poner algún adjetivo a éste artículo, o al arte contemporáneo. 


Caca de elefante  - Mario Varga Llosa 

En Inglaterra, aunque usted no lo crea, todavía son posibles los escándalos artísticos. La muy respetable Royal Academy of the Arts, institución privada que se fundó en 1768 y que, en su galería de Mayfair suele presentar retrospectivas de grandes clásicos, o de modernos sacramentados por la crítica, protagoniza en estos días uno que hace las delicias de la prensa y de los filisteos que no pierden su tiempo en exposiciones. Pero, a ésta, gracias al escándalo, irán en masa, permitiendo de este modo -no hay bien que por mal no venga- que la pobre Royal Academy supere por algún tiempito más sus crónicos quebrantos económicos.

¿Fue con este objetivo en mente que organizó la muestra Sensación, con obras de jóvenes pintores y escultores británicos de la colección del publicista Charles Saatchi? Si fue así, bravo, éxito total. Es seguro que las masas acudirán a contemplar, aunque sea tapándose las narices, las obras del joven Chris Ofili, de 29 años, alumno del Royal College of Art, estrella de su generación según un crítico, que monta sus obras sobre bases de caca de elefante solidificada. No es por esta particularidad, sin embargo, por la que Chris Ofili ha llegado a los titulares de los tabloides, sino por su blasfema pieza Santa Virgen María, en la que la madre de Jesús aparece rodeada de fotos pornográficas.

No es este cuadro, sin embargo, el que ha generado más comentarios. El laurel se lo lleva el retrato de una famosa infanticida, Myra Hindley, que el astuto artista ha compuesto mediante la impostación de manos pueriles. Otra originalidad de la muestra resulta de la colaboración de Jack y Dinos Chapman; la obra se llama Aceleración Zygótica y, ¿cómo indica su título?, despliega a un abanico de niños andróginos cuyas caras son, en verdad, falos erectos. Ni qué decir que la infamante acusación de pedofilia ha sido proferida contra los inspirados autores.
Si la exposición es verdaderamente representativa de lo que estimula y preocupa a los jóvenes artistas en Gran Bretaña, hay que concluir que la obsesión genital encabeza su tabla de prioridades. Por ejemplo, Mat Collishaw ha perpetrado un óleo describiendo, en un primer plano gigante, el impacto de una bala en un cerebro humano; pero lo que el espectador ve, en realidad, es una vagina y una vulva. ¿Y qué decir del audaz ensamblador que ha atiborrado sus urnas de cristal con huesos humanos y, por lo visto, hasta residuos de un feto?

Lo notable del asunto no es que productos de esta catadura lleguen a deslizarse en las salas de exposiciones más ilustres, sino que haya gentes que todavía se sorprendan por ello. En lo que a mí se refiere, yo advertí que algo andaba podrido en el mundo del arte hace exactamente treinta y siete años, en París, cuando un buen amigo, escultor cubano, harto de que las galerías se negaran a exponer las espléndidas maderas que yo le veía trabajar de sol a sol en su chambre de bonne, decidió que el camino más seguro hacia el éxito en materia de arte, era llamar la atención. Y, dicho y hecho, produjo unas `esculturas' que consistían en pedazos de carne podrida, encerrados en cajas de vidrio, con moscas vivas revoloteando en torno. Unos parlantes aseguraban que el zumbido de las moscas resonara en todo el local como una amenaza terrífica. Triunfó, en efecto, pues hasta una estrella de la Radio-Televisión Francesa, Jean-Marie Drot, le dedicó un programa.

La más inesperada y truculenta consecuencia de la evolución del arte moderno y la miríada de experimentos que lo nutren es que ya no existe criterio objetivo alguno que permita calificar o descalificar una obra de arte, ni situarla dentro de una jerarquía, posibilidad que se fue eclipsando a partir de la revolución cubista y desapareció del todo con la no figuración. En la actualidad todo puede ser arte y nada lo es, según el soberano capricho de los espectadores, elevados, en razón del naufragio de todos los patrones estéticos, al nivel de árbitros y jueces que antaño detentaban sólo ciertos críticos.
El único criterio más o menos generalizado para las obras de arte en la actualidad no tiene nada de artístico; es el impuesto por un mercado intervenido y manipulado por mafias de galeristas y marchands y que de ninguna manera revela gustos y sensibilidades estéticas, sólo operaciones publicitarias, de relaciones públicas y en muchos casos simples atracos.

Hace más o menos un mes visité, por cuarta vez en mi vida (pero ésta será la última), la Bienal de Venecia. 
 Estuve allí un par de horas, creo, y al salir advertí que a ni uno solo de todos los cuadros, esculturas y objetos que había visto, en la veintena de pabellones que recorrí, le hubiera abierto las puertas de mi casa, aunque me lo suplicaran de rodillas.
El espectáculo era tan aburrido, farsesco y desolador como la exposición de la Royal Academy, pero multiplicado por cien y con decenas de países representados en la patética mojiganga, donde, bajo la coartada de la modernidad, el experimento, la búsqueda de "nuevos medios de expresión", en verdad se documentaba la terrible orfandad de ideas, de cultura artística, de destreza artesanal, de autenticidad e integridad que caracteriza a buena parte del quehacer plástico en nuestros días.

Desde luego, hay excepciones. Pero, no es nada fácil dectectarlas, porque, a diferencia de lo que ocurre con la literatura, campo en el que todavía no se han desmoronado del todo los códigos estéticos que permiten identificar la originalidad, la novedad, el talento, la desenvoltura formal o la ramplonería y el fraude y donde existen aún -¿por cuánto tiempo más?- casas editoriales que mantienen unos criterios coherentes y de alto nivel, en el caso de la pintura es el sistema el que está podrido hasta los tuétanos, y muchas veces los artistas más dotados y auténticos no encuentran el camino del público por ser insobornables o simplemente ineptos para lidiar en la jungla deshonesta donde se deciden los éxitos y fracasos artísticos.

A pocas cuadras de la Royal Academy, en Trafalgar Square, en el pabellón moderno de la National Gallery, hay una pequeña exposición que debería ser obligatoria para todos los jóvenes de nuestros días que aspiran a pintar, esculpir, componer, escribir o filmar. Se llama Seurat y los bañistas y está dedicada al cuadro Los bañistas de Asniéres, uno de los dos más famosos que aquel artista pintó (el otro es Un domingo en La Grande Jatte), entre 1883 y 1884.
Aunque dedicó unos dos años de su vida a aquella extraordinaria tela, en los que, como se advierte en la muestra, hizo innumerables bocetos y estudios del conjunto y los detalles del cuadro, en verdad la exposición prueba que toda la vida de Seurat fue una lenta, terca, insomne, fanática preparación para llegar a alcanzar aquella perfección formal que plasmó en esas dos obras maestras.

En Los bañistas de Asniéres esa perfección nos maravilla -y, en cierto modo, abruma- en la quietud de las figuras que se asolean, bañan en el río, o contemplan el paisaje, bajo aquella luz cenital que parece estar disolviendo en brillos de espejismo el remoto puente, la locomotora que lo cruza y las chimeneas de Passy. Esa serenidad, ese equilibrio, esa armonía secreta entre el hombre y el agua, la nube y el velero, los atuendos y los remos, son, sí, la manifestación de un dominio absoluto del instrumento, del trazo de la línea y la administración de los colores, conquistado a través del esfuerzo; pero, todo ello denota también una concepción altísima, nobilísima, del arte de pintar, como fuente autosuficiente de placer y como realización del espíritu, que encuentra en su propio hacer la mejor recompensa, una vocación que en su ejercicio se justifica y ensalza. Cuando terminó este cuadro, Seurat tenía apenas 24 años, es decir, la edad promedio de esos jóvenes estridentes de la muestra Sensación de la Royal Academy; sólo vivió seis más. Su obra, brevísima, es uno de los faros artísticos del siglo XIX.
La admiración que ella nos despierta no deriva sólo de la pericia técnica, la minuciosa artesanía, que en ella se refleja. Anterior a todo eso y como sosteniéndolo y potenciándolo, hay una actitud, una ética, una manera de asumir la vocación en función de un ideal, sin las cuales es imposible que un creador llegue a romper los límites de una tradición y los extienda, como hizo Seurat. Esa manera de `elegirse artista' parece haberse perdido para siempre entre los jóvenes impacientes y cínicos de hoy que aspiran a tocar la gloria a como dé lugar, aunque sea empinándose en una montaña de mierda paquidérmica. 

Mario Vargas Llosa, 1997.

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SA, 1997





jueves, 28 de agosto de 2014

Proxima exposición



"A Special Place To "Matear" - Yolanda Crosse



YOLANDA CROSSE

Masters of the Imagination: The Latin American Fine Art Exhibition
September 16 - October 7, 2014
Reception: Thursday September 18, 2014 6-8 PM



Press Release

The works of Yolanda Crosse focus on rural scenes and subjects, presenting them in a way that enhances the essential solitude of the countryman. She manages to transform reality in her own way, creating an evocative impression of sensitive experiences that gives these oil paintings an energy of impressive dimensions. This is an artist who invites us to live the silences, the whispers, perfumes and colors, both seen and unseen, that give life to the scenes she represents. The result is a powerful feeling of the emotional currents and consequences attached to what we see. Yolanda Crosse says that “today, I understand that the essence of man's thoughts is universal,” and in her work we can perceive her attempt to return to “the roots” and the “essence of humanity.” Nothing remains motionless within her perceptive, immersive dominion, and that, combined with a precise sense of balance, allows the impact to penetrate very deeply into the sensibilities of the viewer.

Yolanda Crosse was born in Montevideo, and still lives and works there.






martes, 11 de diciembre de 2012

Visita a la Bienal de Arte de Montevideo



           Visita a la Bienal de arte de Montevideo


Este sábado pasado visite la Bienal de Arte de Montevideo; tenia muchas expectativas, por ser la primera vez que se realiza un evento de esta importancia en Uruguay, por la cantidad de artistas que la integran, por ofrecer la posibilidad de ver arte contemporáneo de nivel internacional, y porque habiendo leído algún articulo que declara la muerte del arte, a partir de lo que se exhibe hoy aquí, no podía estar menos ansiosa.

Entrar en el edificio del Banco República, es por si solo una experiencia que merece ser vivida, es una obra de arte y uno siente que es parte de ella. Es sin duda alguna un maravilloso anfitrión para albergar la muestra desplegada para esta bienal.

Una vez dentro, comienzo mi recorrido; la primer obra que llama mi atención es la realizada por Mark Dion, artista norteamericano, que presenta una instalacion realizada toda con objetos que son posesión del banco; a modo de museo, uno puede apreciar desde el primer modelo de teléfono, o la primer maquina de escribir hasta los modelos actuales. Todo esta expuesto sin un orden aparente, y lo que la obra parece testimoniar, es el inexorable paso del tiempo.

Pronto me encuentro con una de las obras que mas me impacto: fue lo expuesto por Guy Tillim, artista sudafricano, que presento una serie de fotografías de la Polinesia en donde nos muestra paisajes o lugares por donde ha pasado el hombre y ha dejado su huella, ya sea por la construccion de un camino o por su sola presencia. La calidad fotografica, el punto de vista colocando al espectador practicamente dentro de la escena, la tecnología y el papel utilizados al servicio de este trabajo, llevan a esta obra a un punto de realismo casi naturalista. Un trabajo realizado con gran solvencia, que nos recuerda que no todas las fotos tomadas en estos tiempos son de amateurs y para colgar en facebook.

La obra de Yang Xinguang, artista chino, expuesta en el piso, la hubiera intercambiado de lugar con la obra de Olmo Blanco, artista español, expuesta sobre el que otrora fuera el mostrador de la recepción en la entrada del banco. Para ver la obra de Yang desde el punto de vista mas interesante, hay que tirarse en el piso, cosa que hacen los niños y nos cuentan que pueden ver el bosque que Yang realizo. Y para poder apreciar la obra de Olmo habria que medir 2.80m al menos, para poder tener una vision aerea del trabajo, que desde donde esta expuesto y con la barrera de distancia que no permite el acercamiento, dificulta ver la obra.

Jorge Satorre, artista mexicano, nos propone una mirada intima de los retratos de los 42 hombres que fueron presidentes del banco, resaltando de cada uno de ellos lo que analizo junto con un sicólogo de las posiciones de sus retratos originales. Un trabajo bastante sesudo, acompañado de leyendas.

A propósito, no olviden sus gafas aquellos que las necesitan para leer, pues hay mucha lectura, y les ayudara a entender.

La alfombra presentada por El Anatsui, artista de Ghana, realizada con envoltorios de papel de caramelo y pegados entre si con hilos de cobre, nos cuenta acerca del reciclaje y el desperdicio. Es una obra de gran tamaño, que juega mucho con los colores, las texturas y los efectos de luz que se producen en las ondas que genera.

"Un retrato común", (así se llama la obra) realizado por un grupo anónimo de artistas uruguayos, fue otra de las obras que me gustaron.

No creo que la propuesta de esta bienal sea razon para decir que el arte ha muerto. El arte contemporáneo, promueve la intención del artista antes que la concreción de la obra, según los críticos expertos, razón por la cual no se encontraban expuestos cuadros pintados al oleo; estos fueron desterrados de este tipo de eventos desde hace mucho tiempo atrás.

Sin embargo, al celebrarse la ultima bienal de San Pablo, un porcentaje de sus obras fueron óleos. Habituados a una tendencia en la que las instalaciones tienen mas presencia, la apuesta de Luis Perez Oramas, su curador, se convierte en singular e interesante.

Creo, que se aproximan tiempos en los que un equilibrio sera necesario para poder seguir adelante. Se ha caminado ultimamente solo hacia adelante, sin hacer un alto para reflexionar, modificar, y entonces continuar.

Por mi parte espero, que llegue el día en que el termino "arte"no se extienda casi hasta el infinito, eso sera para mi bienvenido.